Conducta alimentaria: ¿A quién escuchas?

Conducta alimentaria: ¿A quién escuchas?

Más de una vez te habrá pasado que empiezas a bajar de peso y luego de dos meses o más de descenso sostenido, o después de haber bajado muchos kilos, algo sucede y comienzas a alterar tu conducta alimentaria.

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Comienzas de a poco probando ciertos comestibles que sabes que no te harán bien, pero creyendo que tendrás el control, empiezas a consumirlos.

Pasa el tiempo y muy de a poco, notas que cada vez es más frecuente el consumo de estos “comestibles”. Sabes que no está bien, pero aparece una cierta “distracción”, un “olvido temporal” cuando surge el deseo de consumirlos que por cierto es cada vez más frecuente.

Pasa más tiempo y esa manera de actuar con la comida: disciplinada, atenta y organizada; la pierdes. De golpe, en un momento de lucidez, te das cuenta de que has regresado a lo de antes: al picoteo, a la búsqueda de gratificaciones recurrentes con la comida  y en muchos casos al exceso.

¿Qué sucedió en todo ese tiempo?

1-  Aparecen  voces.

Voz Interna: esa voz interna que te habla cuando estas aburrido/a, ansioso/a, triste, alegre, etc.;  y que encuentra las justificaciones perfectas para comer los alimentos que antes no consumías. Antes la controlabas, no le hacías caso.

Voces Externas: empiezas a aceptar los consejos de otros: “un poco no te hace nada”, “esa dieta no es buena porque bla, bla, bla”. Antes no les prestabas atención, pero en esos momentos son la excusa perfecta para sentirte “habilitado/a” para comer lo que sabes que no es bueno para ti. 

2- Hay sustancias adictivas presentes en los comestibles que en tu cerebro producen sensación de calma y bienestar, y cuando comienzas a comerlos se vuelve cada vez más difícil dejar de hacerlo. Empiezas a perder el autocontrol.

3- Te alejas de la balanza, dejas de ir al lugar donde te controlabas, vuelves de a poco a hacer lo que antes hacías.

PREGUNTA:

¿Cómo te sientes cuando te das cuenta de esto? ¿Qué te dices?

¡Atento y atenta!

Es a “esa voz” a la que tienes que detectar.
Puede ser un trampolín que te impulse o funcionar como un pantano que te entierra.

Para que se active el trampolín debes:
• Perdonarte. No eres tu cuerpo y tu cuerpo necesita de tu ayuda.
• Valorar tus aspectos positivos. Cuidarte ya lo has hecho antes; tienes condiciones.
• Pedir ayuda. Aunque no lo sepas, parte de lo que te sucedió no es por falta de voluntad, se debe en gran medida al efecto adictivo de ciertos alimentos.

Muchas veces uno solo no puede salir de una adicción, necesita de una guía y un acompañamiento profesional.
Que no te dé vergüenza volver donde asistías por más que hayas engordado. El profesional experto en obesidad conoce de este tipo de recaídas.

¡Escucha y hazle caso a la voz interna que te dice que se puede estar mejor!

Lic. Loreley Baravalle
Directora de Córdoba Nutrición
MP: 2610 – Nutricionista

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