El estrés y su relación con la conducta alimentaria

El estrés y su relación con la conducta alimentaria

Experimentamos estrés cuando las exigencias cotidianas superan nuestra capacidad de resolver o afrontar determinadas situaciones. La falta de tolerancia del organismo ante el estrés crónico puede afectar la conducta alimentaria y provocar un desgaste en la salud.

Los efectos del estrés

El estrés es una respuesta física y psicológica normal que se manifiesta a causa de situaciones positivas o negativas, como por ejemplo: una preocupación, un examen, tener un trabajo nuevo, el divorcio y la pérdida de un ser querido entre otras razones.

Ante una situación de estrés, el cerebro desencadena una respuesta automática, un estado de alerta o amenaza, que produce la liberación de hormonas en el organismo para estimular o mejorar la capacidad de respuesta. Si la amenaza es superada, el organismo frena el proceso de liberación hormonal y recupera el equilibrio.

Cuando el estrés es crónico, somete al organismo a una gran presión que eleva los niveles de cortisol y adrenalina durante largos períodos, y repercute en la digestión, la reproducción, el crecimiento y el sistema inmunitario. También aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Los altos niveles de cortisol producidos por el estrés continuo y prolongado, pueden causar síntomas físicos como cansancio permanente, calambres musculares, palpitaciones, hipertensión, pérdidas de memoria, dolores de cabeza, falta de apetito o apetito voraz.

En cuanto a la adrenalina, el cuerpo necesita vitamina C para producirla. La mayoría de los animales puede aumentar la síntesis de esta vitamina ante una demanda mayor en caso de “lucha” o “huida”. Sin embargo, el hombre solo puede obtener este nutriente a través de una alimentación saludable rica en proteínas. Además, el buen funcionamiento del sistema inmunológico requiere del consumo regular de vitamina C y A, junto al ácido fólico y el zinc presentes en las espinacas y verduras de hoja verde entre otros alimentos.

Estudios realizados demuestran que en algunas personas el estrés induce a comer más. Provoca una mayor sensación de apetito mientras que existe la preferencia por alimentos con alto contenido en grasas y azúcares. A esto, se añaden comportamientos como practicar menos actividad física, dormir más o beber más alcohol.

Cómo reducir el estrés

Si el cuadro de estrés lo requiere, es necesario buscar tratamiento médico y psicológico, pero también se recomiendan los cambios en los hábitos alimenticios y en el estilo de vida:

  • Mantener una alimentación saludable y controlar el peso.
  • Comer lentamente y masticar correctamente.
  • Beber agua durante el día y disminuir el consumo de sal.
  • Aumentar la actividad física, practicar meditación.
  • Evitar el consumo de tabaco y alcohol.
  • Dormir adecuadamente.

Una alimentación adecuada acompañada de actividad física proporciona recursos para afrontar el estrés. El ejercicio de intensidad baja-moderada disminuye la liberación de cortisol y, junto con la selección adecuada de alimentos, contribuye a la regulación del apetito. Además, el apoyo social de la familia y los amigos parece tener un efecto amortiguador en quienes padecen estrés.

Fuentes:
http://www.eufic.org
http://www.consumer.es
http://www.livestrong.com

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